Ahora mismo — partiendo de la temperatura del aire
(10,3 ºC) — esta es la
aportación de cada factor en las condiciones de este momento:
| Por humedad |
-0,4 ºC |
| Por viento |
-0,3 ºC |
| Por radiación (al sol) |
+0,0 ºC |
Resultado: 9,6 ºC a la sombra, 9,6 ºC al sol.
Los tres factores no actúan por separado, sino combinados: cada cifra es su
peso en la situación de ahora. Con otra temperatura o humedad cada factor pesaría
distinto — sobre todo la humedad (ver abajo).
Este algoritmo de sensación térmica no es oficial: lo hemos creado
en meteohacinas porque nos parece que hay un hueco en este tema dentro de la
comunidad meteorológica — no conocemos ningún algoritmo que combine bien
humedad y viento en todo el rango de temperaturas. Sabemos que puede tener sus fallos, pero nos
ha parecido interesante probarlo. Aun así está calibrado para acercarse a
los valores de AEMET (la Agencia Estatal de Meteorología): para
temperaturas bajas usamos directamente su wind chill oficial; para
temperaturas altas nos ajustamos a su índice de calor
(temperatura–humedad). A eso le añadimos algunos
retoques propios — el efecto del sol, cómo interactúan
viento y humedad, y un comportamiento más prudente en condiciones extremas — para reunir
en un solo número la temperatura del aire con los tres factores que más cambian
cómo la percibe el cuerpo: humedad, viento y
radiación solar.
La clave es que esos factores no se suman de forma fija: el efecto de cada uno depende de
los demás. Por eso las cifras de arriba valen para las condiciones de ahora, no
siempre. Así influye cada uno:
• Viento: con temperaturas bajas incrementa la sensación
de frío porque la pérdida de calor es mayor (efecto wind chill).
Con calor extremo — con bochorno, o incluso en seco por encima de
~40 ºC — deja de refrescar y calienta (el aire está más
caliente que la piel). Es decir, el mismo viento puede restar o sumar según la temperatura y
la humedad. Por ejemplo, a 39 ºC con viento y humedad baja: el aire, ya más caliente
que la piel, te transmite calor por convección; la sequedad ayuda a evaporar el sudor y
refresca algo, pero en el balance pesa más la convección, así que el viento
sigue sumando calor en total.
• Humedad: es la más variable, no siempre afecta
igual. Con calor agobia y sube la sensación. Con frío
hace que se sienta más destemplado, pero
solo si hay viento — en aire quieto apenas cuenta. Y en temperaturas suaves,
sin viento, es casi neutra; con viento, el aire húmedo cala algo más y el seco algo menos.
Por eso un mismo 80% de humedad puede sumar, restar o no hacer nada.
Todo esto se calcula pensando en una persona en reposo: si vas a hacer
deporte y sudas, el aire seco sí ayuda a evaporar ese sudor y refresca aunque haga
frío — un efecto que este algoritmo, pensado para el uso habitual, no tiene en
cuenta.
• Sol: a pleno sol puede sumar varios grados, por eso de día se
dan dos valores — a la sombra y al sol.
De noche solo tiene sentido el de sombra. También cuenta la altura del sol:
el sensor mide la radiación sobre una superficie horizontal, pero una persona de pie recibe el
sol de lado. Con el sol bajo (a primera y última hora, y en invierno) le da de lleno y calienta
más de lo que sugiere la radiación medida; al mediodía de verano, con el sol casi
encima, le da más de canto.
El algoritmo está en fase de pruebas y ajuste, así que el valor
puede afinarse con el tiempo.