La calima es la presencia en el aire de polvo mineral en suspensión, procedente
generalmente del desierto del Sáhara. A diferencia de la contaminación por humo o
tráfico, se trata de partículas relativamente grandes, arrancadas del suelo por el
viento y transportadas hasta aquí a lo largo de miles de kilómetros.
¿Cómo se detecta?
El tamaño de las partículas depende de su origen. El humo se forma por condensación
de gases y produce partículas diminutas, casi todas menores de 2,5 micras: por eso,
cuando hay humo, la mayor parte de lo que medimos como PM10 es en realidad PM2.5. El
polvo del desierto, en cambio, se genera por erosión y arrastre, y produce partículas
mucho más gruesas.
Esa diferencia deja una huella medible: la proporción entre PM2.5 y PM10. Cuando esa
proporción cae de forma clara y se mantiene así durante al menos una hora, mientras el
PM10 está elevado, estamos ante partícula gruesa en suspensión, es decir, ante una
probable calima. Exigir que la señal se mantenga en el tiempo es lo que permite
distinguirla de episodios breves de otro origen.
¿Por qué se ajustan los valores?
El sensor de partículas de esta estación es de tipo óptico: cuenta las partículas
iluminándolas con un láser y midiendo la luz que dispersan. Este método, muy fiable
para el humo y la contaminación urbana, tiene una limitación conocida con el polvo
mineral: las partículas más gruesas se detectan mal, de modo que durante los episodios
de calima las concentraciones reales se quedan cortas.
Por eso, cuando se detecta una probable calima, los valores de PM2.5 y PM10 que se
muestran llevan aplicado un ajuste al alza, proporcional a la intensidad estimada del
episodio. Este ajuste es específico de la calima y se suma al factor de corrección
general que aplicamos ahora mismo a todos los datos, explicado en la nota que aparece
bajo el título de la página.
Una advertencia importante
Este ajuste es una estimación, no una medición. Su magnitud se ha calculado a partir
del comportamiento del sensor durante los episodios de calima registrados en esta
estación, pero no está contrastado con un equipo de referencia. Durante una calima,
por tanto, los valores mostrados deben entenderse como una aproximación razonable, y
no como una medida exacta de la concentración de partículas.
Este algoritmo de corrección se encuentra en fase de pruebas. Iremos afinándolo a
medida que dispongamos de nuevos episodios con los que contrastarlo.