← Volver al Blog Eclipsados: 12 de agosto de 2026
16/08/2026
La casualidad es la manera que tiene Dios de mantenerse en el anonimato. — Albert Einstein
El pasado 12 de agosto vivimos un eclipse total de sol, y todavía estoy asimilando la suerte que tuvimos. Presenciar un eclipse total desde un mismo punto es, de por sí, muy poco frecuente —de media, ocurre cada 375 años—, aunque si lo quieres con esa luz de atardecer, la espera se dispara a 5000 o 6000 años; que además coincidiera con un día prácticamente despejado de principio a fin reduce aún más esa probabilidad. En agosto, un día completamente despejado tiene menos de un 20% de probabilidades. Solo unas pocas nubes crecieron en el Sistema Ibérico, pero no llegaron a afectarnos. Sumando toda esta carambola de combinaciones, cuesta asimilar la suerte de haber podido estar aquí y presenciarlo.
La protuberancia visible a la izquierda del sol sobresalía de la fotosfera más de 70.000 km, más de cinco Tierras puestas en fila.
¿Y ahora qué? Después de un evento tan bello, que sabes que no se va a repetir, es normal hacerse esta pregunta. Es lógico sentir cierta morriña cuando se ha disfrutado tanto y tan fugazmente. Ahora toca aprender de nuevo a disfrutar de las pequeñas cosas y dejarse sorprender.
Antes de seguir, para hacernos una idea de lo complicado que es, estadísticamente, tener un eclipse total de sol (uno parcial es relativamente fácil), en el gráfico siguiente mostramos todas las Lunas nuevas desde 2018 hasta 2180. En el gráfico vemos la cercanía en el cielo de la Luna nueva al Sol para un observador en Hacinas. Para que haya eclipse total, tiene que caer exactamente entre las dos líneas. No solo eso: es necesario que esa alineación ocurra de día, porque si es de noche, el eclipse no se verá. Y además, hace falta que la Luna esté cerca del perigeo; en caso contrario, el eclipse será anular. Podemos ver la alineación del 12 de agosto de 2026 y comprobar que la próxima no será hasta el 17 de noviembre de 2180. Entre medias tendremos muchos eclipses parciales, algún anular y otros que caerán de noche.
Todas las lunas nuevas desde 2018 hasta 2180. Eclipse total en rojo, parcial en naranja, anular en amarillo, en gris los contactos que caen de noche.
Volviendo a la cuestión meteorológica, las predicciones a 10 días vista apuntaban a buen tiempo justo los días 11 y 12, y apenas cambiaron hasta el día D. Incluso teniendo en cuenta que en agosto una atmósfera estable suele dar predicciones más fiables, pocas veces una predicción se mantiene tan firme con tantos días de antelación.
Predicción de nubosidad por ensembles del ECMWF a 8 días vista. El modelo prevé que el día 12 sea el de menor nubosidad; la mediana de los 51 escenarios del ECMWF daba un 0% de nubosidad media diaria prevista.
Dos días antes, el modelo mesoescalar Harmonie preveía una alta probabilidad de poder ver el eclipse. Solo intuía algunas nubes de evolución. Expectación hasta el final, pero una predicción así era difícilmente mejorable.
Predicción de nubosidad del modelo Harmonie el día 10 de agosto para el día 12 de agosto.
El día previo, la predicción marcaba cielo despejado, con una probabilidad baja de que crecieran algunas nubes por la tarde: más de un 90% de probabilidad de ver el evento. Pero no fue hasta el día D a las 7 de la tarde cuando esa probabilidad subió prácticamente al 100%. Una hora antes, emoción, agradecimiento, expectación: el cielo limpio ya asegurado.
El día de antes, además de ver los mapas previstos de nubosidad, que apenas daban algunas nubes por el Sistema Ibérico, fue interesante estudiar el sondeo simulado por el modelo AROME.
En este sondeo podemos ver que la atmósfera tenía valores bajos de humedad relativa en prácticamente todo el perfil: la línea roja (temperatura) y la verde (punto de rocío) ascienden separadas hasta los 9km. El nivel de condensación (LCL) se situaba moderadamente alto, a unos 4000 m de altitud, esto significa que una parcela de aire tiene que lograr ascender hasta ese nivel para que se forme una nube. El nivel de convección libre (LFC) era inexistente, es decir, aunque la parcela pueda alcanzar el LCL y formar una nube, después no encuentra ningún nivel donde pueda ascender libremente por flotabilidad, lo que concuerda con los valores nulos de CAPE (la energía disponible para que una nube crezca) y los valores positivos de LIFTED INDEX (otro indicador de que el aire tiende a no ascender). Todo esto nos indicaba que estábamos ante un perfil atmosférico estable y con opciones bajas de nubosidad. Pero con todo, esto no quita que el calentamiento diurno y la orografía de montaña de nuestra zona pudieran generar algunas nubes de buen tiempo (en Urrez una nube aislada tapó el eclipse). En ocasiones, la diferencia entre que se forme una nube o no depende de detalles tan finos que es prácticamente imposible de prever; por esta razón, los mapas previstos de nubosidad hay que mirarlos con cautela y a poco tiempo vista. El día anterior fue casi idéntico a nivel sinóptico y mesoescalar y, sin embargo, hubo nubosidad hasta las 20:30h. El día 12 tuvimos la suerte de que las pocas nubes que se generaron se situaron sobre la Sierra de la Demanda.
Skew-t o predicción de sondeo para T+16h sobre Hacinas. Baja humedad relativa en todo el perfil. Parámetros convectivos inexistentes. Atmósfera estable
Dos y tres días después del eclipse tuvimos tormentas, otra casualidad.
Después de todo, seguiremos capturando la temperie.
Rodrigo.